Jason Wilcox en Old Trafford: ¿un director deportivo con buen ojo o un ascenso demasiado rápido?
Jason Wilcox concentra cada vez más críticas por la deriva deportiva del Manchester United. El argentino Lisandro Martínez verbalizó tras caer en el Metropolitano el malestar de un vestuario que espera mucho más de su director deportivo. Su apuesta por Ruben Amorim, la gestión de la plantilla y el gasto en fichajes sin resultados inmediatos marcan su etapa en Old Trafford.

Jason Wilcox está en el punto de mira del Manchester United. El director deportivo, que aterrizó en Old Trafford en abril de 2024, carga con la responsabilidad de un proyecto que no arranca: el equipo marcha decimotercero en la Premier League con una sola victoria en sus últimos seis compromisos ligueros. Las críticas ya no se limitan a la grada; también llegan desde dentro del vestuario, como dejó claro Lisandro Martínez tras la derrota europea ante el Atlético de Madrid.
- Lisandro Martínez criticó con dureza a Jason Wilcox después del partido contra el Atlético de Madrid.
- El Manchester United ocupa la decimotercera plaza de la Premier League con un balance de una victoria en seis jornadas.
- Wilcox impulsó la llegada de Ruben Amorim, una apuesta que no ha funcionado y que desgastó la relación entre ambos.
- Jim Ratcliffe mantiene una estrecha relación personal con Wilcox, al que definió como el mejor ojo del club.
- El gasto en fichajes con experiencia Premier League ha comprometido la planificación de otras posiciones.
Las críticas de Lisandro Martínez destapan el malestar del vestuario
Lisandro Martínez no es un futbolista inexperto. A sus 28 años acumula un Mundial con Argentina y conoce de sobra qué factores deciden el éxito y el fracaso de un equipo. Por eso, cuando después de la derrota en el Metropolitano se despachó contra Wilcox, no habló solo por su cuenta. Varios compañeros comparten su frustración por el rendimiento de una figura que debería aportar mucho más al proyecto desde los despachos.
El propio Wilcox sabe que está bajo presión. Los malos resultados no pueden achacarse únicamente a Michael Carrick, que trabaja con una plantilla incapaz de sostener la exigencia de pelear arriba en la Premier League y medirse a los mejores clubes de Europa. El foco que antes se ponía casi en exclusiva sobre lo que ocurría sobre el césped se ha desplazado hacia quienes toman las decisiones en los despachos.
El historial de fichajes que emborrona su gestión
Los clubes viven o mueren por su política de fichajes, y el United de Wilcox no sale bien parado. Apenas hay jugadores incorporados bajo su dirección que hayan revalorizado su precio de mercado. La excepción más clara es Senne Lammens, y aun así el balance general deja dudas. Wilcox tuvo en su día la opción de fichar a Elliot Anderson procedente del Nottingham Forest; prefirió no mover ficha. Un año después, Anderson terminó en el Manchester City y su valor se disparó hasta quedar fuera del alcance económico del United.
Para Jim Ratcliffe, que insiste en gestionar el club como un negocio, la pregunta sobre por qué se invierte tanto dinero en jugadores y se obtiene tan poco a cambio debería ser un punto de partida incómodo. La revalorización del patrimonio deportivo es uno de los indicadores que cualquier director deportivo debe cuidar, y Wilcox no ha logrado resultados convincentes en ese terreno.
De académico en el City a director deportivo en dos saltos
Wilcox llegó a Old Trafford con menos de un año como director deportivo del Southampton. Su ejecutiva en un club de la Championship fue su primer cargo de máxima responsabilidad en el fútbol profesional. Antes, el exjugador del Blackburn y del Leeds había forjado su reputación en la academia del Manchester City, donde dirigió el desarrollo de talentos como Phil Foden, Cole Palmer y Morgan Rogers.
De esa etapa procede una parte de su prestigio. Muchos de quienes coincidieron con él creen que su mejor versión está en la dirección de una academia, no al frente de toda una operación de fútbol de primer nivel. El salto de las categorías inferiores al despacho principal del United se produjo sin escalar por roles intermedios suficientes para blindar su autoridad.
La apuesta por Ruben Amorim y una relación rota
La llegada de Omar Berrada como director ejecutivo fue clave en la vuelta de Wilcox al noroeste de Inglaterra. Ambos ya habían trabajado juntos en el City y se profesaban un respeto mutuo importante. Wilcox entró como director técnico bajo el paraguas de Dan Ashworth, un director deportivo con experiencia en Brighton y Newcastle; sin embargo, Ashworth apenas aguantó cinco meses a las órdenes de Ratcliffe, y Wilcox subió de nivel a toda prisa.
Parte del personal que ya estaba en el United se sintió incómodo con la cantidad de incorporaciones procedentes del entorno del City Football Group. El club llevaba años tomando malas decisiones, pero también conservaba áreas de fortaleza. Convertir la institución en una copia de uno de sus mayores rivales chirrió en más de un departamento.
Wilcox fue determinante en la contratación de Ruben Amorim, un entrenador con un modelo de juego muy definido que nunca llegó a tener los futbolistas adecuados para ejecutarlo. El experimento fracasó y la relación entre ambos se deterioró rápidamente, con desacuerdos tácticos y de criterio que aceleraron el desgaste del proyecto.
Fichajes de Premier League y un agujero en el lateral izquierdo
Bajo la dirección de Wilcox, el United ha puesto el foco en jugadores con experiencia en la máxima categoría inglesa. Este verano llegaron Youri Tielemans, Andrey Santos y Carlos Baleba por unos 155 millones de libras. El centro del campo necesitaba un cambio profundo tras la salida de Casemiro y las limitaciones de Manuel Ugarte, actualmente lesionado, pero esa inversión dejó las arcas sin margen para reforzar posiciones igualmente necesarias.
El debate se centra ahora en la ausencia de un lateral izquierdo y de un delantero suplente de garantías. La debilidad de la plantilla quedó al descubierto ante el Atlético, cuando Carrick tuvo que recurrir a Ayden Heaven, central de 20 años, fuera de su posición para cubrir una baja más de Luke Shaw. La planificación no resiste una temporada larga en tres competiciones.
La confianza de Ratcliffe y el coste de un despido
Jim Ratcliffe siempre ha defendido a Wilcox en público. En marzo de 2025 llegó a declarar que le gustaba escucharle porque entendía de lo que hablaba, destacando su calidez y su sentido del humor. En los partidos se les ve sentados juntos debatiendo. La relación personal es sólida, y prescindir del director deportivo sería una de las decisiones más difíciles para el propietario minoritario.
Con las finanzas apretadas de cara a enero, la planificación ya mira al próximo verano. Si los resultados no mejoran, Ratcliffe y Berrada tendrán que elegir entre sostener a Wilcox o escuchar a una afición que tiene muchas reservas sobre su trabajo. Carrick cuenta con más crédito delante de la grada, y despedir al director deportivo sería lo más popular, aunque también implicaría reconocer un error de arriba abajo. Ratcliffe dijo en su día que Wilcox tenía los mejores ojos del club; la realidad actual no le permite estar ciego ante lo que muestran esos ojos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué critica Lisandro Martínez a Jason Wilcox?
El defensa argentino del Manchester United señaló a Wilcox tras la derrota contra el Atlético de Madrid. Considera que el director deportivo debe aportar más al proyecto y su mensaje representa el sentir de buena parte del vestuario.
¿Qué papel tuvo Jason Wilcox en la llegada de Ruben Amorim?
Wilcox fue una figura determinante en la contratación del técnico portugués. La apuesta no salió bien y la relación entre ambos se rompió por diferencias tácticas y de gestión diaria.
¿Mantiene Jim Ratcliffe la confianza en Jason Wilcox?
Sí, la relación personal entre ambos es muy cercana. Ratcliffe ha elogiado públicamente su manera de hablar de fútbol y suelen coincidir en los partidos, aunque la presión por los malos resultados puede obligar a revisar su futuro.